CONDUCCIÓN HASTA EL LUGAR DEL ACCIDENTE

Uno de los momentos más peligrosos e importantes de las actuaciones que se realizan durante cualquier siniestro es el desplazamiento del personal y los vehículos hasta el lugar del accidente. No contribuirá en nada que el personal de rescate, en su afán por llegar cuanto antes al accidente, corra el riesgo de hacerse daño, perturbar a la población o tener un accidente. El código de la circulación otorga ciertos privilegios a los vehículos de urgencia por encima de los otros vehículos a motor, y los exonera de ciertas restricciones. Sin embargo, estas concesiones son condicionales, y únicamente son efectivas cuando el vehículo se dirige realmente a una emergencia, cumple con los requisitos básicos para los sistemas de advertencia, y se comporta de acuerdo con las normas básicas de seguridad en la carretera. El tiempo de llegada es un elemento fundamental, pero las velocidades suicidas son absolutamente inaceptables. La prioridad de paso que conceden los otros conductores está directamente relacionada con su capacidad de intuir y reaccionar correctamente ante un vehículo de emergencias. Es necesario que el conductor de un vehículo de urgencias pare especial atención a cualquier acción que los otros conductores estén haciendo, o no hagan, y evitar así las situaciones donde la seguridad de los pasajeros dependa de que los demás conductores alteren acciones normales y predecibles. Es necesario que el conductor vigile en todo momento los vehículos que están en la carretera, asegurándose de que vean el vehículo de urgencias y que realmente le estén concediendo la prioridad de paso, antes de tratar de adelantarlo. Esto también significa que el conductor debe evitar sorprender a los demás, haciéndoles tomar acciones imprevistas o irracionales a causa del miedo. Los vehículos de bomberos es necesario que se conduzcan de forma altamente visible, y sus acciones deben ser muy previsible, mientras evitan las acciones inadecuadas de los demás.La mayoría de los vehículos de extinción son grandes y pesados, con una aceleración, frenado y capacidad de maniobra favorable. Se ha desarrollado y mejorado la capacidad mecánica y de potencia para poder llevar los vehículos más grandes y pesados ​​a una velocidad más alta. Cuando las leyes exoneran a estos vehículos de los límites de velocidad, la responsabilidad de determinar la velocidad razonable y prudente, para afrontar las condiciones con que se encuentre, recae únicamente sobre el conductor y el Servicio de Bomberos.

Algunas normas básicas a seguir para practicar una conducción segura son:

1. Los vehículos de urgencia que circulan por vías abiertas (rectas, anchas, con buena visibilidad y sin tráfico), no deberían pasar de la velocidad máxima autorizada, con un límite de 15 km/h por encima de la velocidad indicada en la señalización, para casos especiales.


2. Cuando las condiciones de la carretera se vean dificultadas por el tráfico, las condiciones meteorológicas, o cualquier otra situación adversa, el límite de velocidad establecido por la señalización se convertirá en la velocidad máxima absoluta, mientras que la velocidad de crucero la marcará las condiciones de la vía. Por ejemplo, si en un pavimento resbaladizo a causa de la lluvia o la nieve, un vehículo no puede tomar una curva a más de 50 km/h, el límite de velocidad a 90 km/h no es más que una anécdota. El conductor debe mantener en todo momento el vehículo bajo control.


 

Peligro en las intersecciones. EBSCC
3. Cuando se acerque a cruces importantes, incluso con la prioridad de paso absoluta, es necesario que el conductor esté preparado para detener el vehículo, y nunca exceder la velocidad indicada. Si convergen otros vehículos, los cruces se pueden convertir en punto críticos de colisión. Hay que vigilar especialmente los conductores madrugadores que vienen desde una carretera colapsada y acceden a una vía más clara. Tampoco se debe intentar competir con otros conductores a ver quién cruza primero una intersección.

4. Al llegar a los alrededores de un accidente, el conductor debe ralentizar la velocidad hasta la de la velocidad de una persona caminando y maniobrar de acuerdo con lo que esté pasando a su alrededor. No es aceptable correr hacia o más que los demás. Durante el trayecto también se puede confirmar a la sala de control o la base la información recibida, y/o ampliarla con otras informaciones recibidas desde la salida del parque y que sean de interés para el desarrollo de la intervención.